Los Alfaro, una historia en amarillo escrita con el corazón

Un ‘peladito’, de la mano de un Ídolo de la hinchada, pisaba la cancha del Monumental en agosto de 2002. Apenas cumplía seis años, pero se juró que un día jugaría en ese sitio y “con estadio lleno”. El pasado domingo, 15 años después, Gonzalo Alfaro Moreno saltó al césped y recibió su primera ovación como jugador canario.

El hijo del vicepresidente del club, Carlos Alfaro Moreno, e ídolo de Barcelona, cumplió su sueño bajo la atenta y emocionada mirada de su papá. Había llegado el día que tanto tiempo esperó, cimentando su amor por esta camiseta y una carrera que espera sea llena de éxitos.

Aquel agosto de 2002 fue duro en la familia Alfaro Moreno, ya que el papá del ‘Beto’ había fallecido. Él decidió retirarse, pero antes se despidió de la hinchada que tanto amaba, también de la mano del mayor de sus primogénitos.

Quince años después, Alfaro Moreno padre estaba en el palco de dirigentes, y Gonzalo debutaba en la primera de Barcelona, mientras su hermana Flor hacía entrevistas para radio Diblu, donde labora como periodista.

Al día siguiente de este histórico momento, EXTRA estuvo con el joven futbolista, que aún emocionado repasa los sentimientos que recorrieron su cuerpo cuando Almada apostó por él ante Fuerza Amarilla. Lo primero, otra muerte. Esta vez la de su primito, que era como un hermano, Agustín Pettina, fallecido en 2014.

Cada día, cada momento, le viene a la mente su ser querido, y por eso no fue casualidad que saltase a la cancha con el número 29. “Es un número muy importante para mí, es el día en que nació mi primo”, cuenta con la voz quebrada.

“Sentí que me acompañaba desde el cielo”, confiesa a este Diario. Incluso, recuerda, que ambos soñaban con debutar vestidos de amarillo, ya que ‘Gonza’ le inculcó a Agustín su amor por Barcelona, de la misma forma que su papá lo hizo con él.

Carlos Alfaro Moreno es muy emotivo. En los primeros minutos de conversación con EXTRA mantiene el tono. Pero, de pronto, se olvida de la entrevista, y sus ojos humedecen.

Las lágrimas de felicidad invaden la charla mientras revive el momento en que su hijo saltó a la cancha. “Estaba en el palco, emocionado. ‘Pancho’ me abrazó y me preguntó lo que sentía. Créanlo que lo disfrutaba, porque el pequeño ha vivido toda su vida con Barcelona en la boca, nació en los primeros años que estaba en el equipo…”, dice.

En casa también hubo emoción. Su mamá, Silvana Llermanos, siguió el partido y después apenas pudo dormir por la felicidad. Incluso, su hermana Flor vivió de cerca el gran día, ya que trabaja en radio Diblu como periodista.

“Me pidió para salir por la radio, era la primera vez que la veía hacer eso, y lo noté feliz por mi debut, igual que lo estaba yo por verla trabajar. Te puedo decir que Dios es muy bueno y justo, porque cuando te esforzás, te premia”, cuenta Gonzalo.

UN SENTIMIENTO

“La despedida de mi papá fue el primer gran recuerdo que tengo de Barcelona y del Monumental. Ese día juré que actuaría en ese estadio”, desvela en cuanto es preguntado por sus inicios amarillos.

Así, con el paso de los años, acrecentó ese sueño de debutar en el Monumental, previo paso por las formativas de Independiente. Años de crecimiento, hasta que llegó el lunes anterior, cuando el entrenador Guillermo Almada hizo subir a varios chicos del equipo de reserva. Las numerosas bajas llevaron al técnico a echar mano de los jóvenes y el jueves dio la noticia que tanto esperaba ‘Gonza’: estaba convocado.

“Me llamó el jueves y me dijo que el domingo iría con el elenco de primera. La felicidad me invadió”, reconoce su padre, Carlos Alfaro Moreno. Pero ni siquiera en ese momento, según dice, quiso interferir en el proceso de su pequeño. “Soy demasiado emotivo, un padre muy protector, pero un directivo serio en eso. Nunca le digo nada al ‘profe’ sobre ‘Gonza’”, aclara, consciente de que es un tema delicado. El directivo, incluso, se sorprendió al ver que estaba en los convocados.

Eso sí, como cualquier padre, la emoción lo invadió, ya que “el equipo de mi vida tenía a mi hijo en sus filas y podía debutar”.

El futbolista vivía los nervios propios de un posible debut. “Mirá, ustedes (EXTRA) saben cómo he sido de persistente en lo que sueño. Desde que estaba en las inferiores de Independiente, luego en la Academia Alfaro Moreno y ahora en Barcelona”. Ahora bien, el nuevo atacante de Almada quiere evitar las comparaciones, e insiste en que “mi padre siempre me pide que no trate de copiarlo a él, que sea Gonzalo, y eso es lo que hago”.

El PEDIDO

Una vez que Alfaro Moreno papá sabía que el debut era inminente se quitó el traje de directivo y se vistió como padre y exfutbolista. Tomó la delantera y aconsejó al pequeño. Le insistió en que las primeras pelotas serían de muchos nervios, que se concentre en ellas y que se sienta feliz, sin presión.

“Llevar el nombre de Alfaro Moreno es duro, pobre Gonzalo. Pero sé del carácter que tiene”, dice orgulloso.

Y así fue, Gonzalo reconoce que “estuve nervioso cuando salimos a calentar antes del partido y vi que el estadio estaba lleno”. Entonces le vino su juramento de 2002 y entendió que ese era el día. Durante la primera parte ni siquiera el buen juego del equipo conseguía sacar de su cabeza los nervios. Le invadían, le paralizaban, pero todo cambió en un instante: “Cuando me llamaron para que vaya a jugar, me tranquilicé”.

Nunca se le olvidarán los últimos consejos. ‘Marca a los defensas, no los dejes subir. Encara y aprovecha tu velocidad’. Ahí solo le vino a la mente su primo y entendió que cumpliría el sueño que tenían.

Fuente: Extra