El enigmático emperador, Keizer, falleció

Piet Keizer era el último de la poética alineación del Ajax, porque aquel siempre será un equipo sin fecha. Todas las demás ediciones, la buena de los años 80 y la espléndida de los 90, hay que explicarlas con números. Al Ajax, no. En todo caso una generación la conoció como el equipo de Cruyff, pero sin olvidar aquellos apellidos rotundos, monosilábicos la mayoría: Stuy, Krool, Hulshof, Haan, Rep, Swart, Cruyff, Suurbier, Neeskens, Mühren y Keizer (Emperador, en español).

El apellido largo era Blakenburg, el alemán. Recitábamos la alineación de memoria, como tiene que ser en el fútbol, y la cerrábamos con el puntero izquierda, el fenomenal Keizer, fallecido el 11 de febrero, apenas un año después que Cruyff.

Poco antes de morir, Cruyff dio su alineación histórica. También la cerraba Keizer, su enigmático compañero en el Ajax, que no concedía entrevistas y que participaba con Cruyff del ferviente ideario que hizo de Holanda una potencia inesperada del fútbol. De hecho, llegó antes que Cruyff al primer equipo. Fue el primer profesional del Ajax y del fútbol holandés. Cruyff, el segundo.

Cuatro años mayor que Cruyff, Keizer (1943-2017) tenía un físico desconcertante. Estaba en el 1,80 metros, altura más que respetable para un extremo de esa época. Su corpachón invitaba a la rigidez, desmentida en el campo por una creatividad que no envidiaba a la de Cruyff. Era un zurdo con todo el catálogo de astucias.

No había noticias del fútbol holandés en los años iniciales de la década del 60, salvo un par o tres de jugadores que se habían impuesto a la falta de tradición y al obligatorio amateurismo. Europa no sabía que se preparaba una de las mayores revoluciones en la historia del fútbol. Un grupo de jóvenes de los suburbios más pobres de Ámsterdam se habían decidido a terminar con las convenciones de aquella época.

Keizer precedió a Cruyff en el Ajax. Luego formaron una de las mejores sociedades que se han visto en el fútbol.

Una generación de jóvenes españoles, los primeros en disfrutar de la magia de la TV, pudo gozar de unos pocos partidos de aquellos genios. La conexión sentimental con el Ajax comenzó allí, en aquellos duelos maravillosos con el Benfica en 1969 y en las constantes victorias sobre el Bayern. Y por supuesto, con los tres títulos sucesivos en la Copa de Europa.

Había algo fascinante en el equipo que definió mejor que nunca la era pop. Jugaban como los dioses y todos tenían algo diferente. Keizer fue durante cinco o seis años el mejor puntero izquierdo del mundo. Cruyff, que nunca fue el más condescendiente de los críticos futbolísticos, le tenía por un genio, como a Wim Van Hanegem, el gran interior izquierdo del Feyenoord. De las opiniones de Keizer se sabía menos.

Detestaba a los periodistas y no daba entrevistas. No tenía la mejor opinión de Rinus Michels, uno de sus técnicos en el Ajax, y que su prestigio entre los jugadores significó el final de la carrera de Cruyff en el Ajax. La plantilla eligió capitán a Keizer en 1972, uno de los detonantes de la salida del genio holandés. Dos años después, Keizer jugó el debut del Mundial de Alemania, el de la legendaria Naranja Mecánica. No volvió a participar en el torneo. Se dice que fue la venganza de Michels. Keizer se retiró en octubre de 1974, sin explicaciones. Tenía 31 años.

Juró no volver a tocar un balón. Según la leyenda, un nieto le tiró una pelota y se apartó para evitarla. Desapareció de la escena pública, pero no del recuerdo de sus admiradores. Uno de ellos, Nico Scheepmaker, primer biógrafo de Cruyff. Le preguntaron quién era el mejor. “Cruyff es el mejor del mundo. Keizer es el mejor de los dos”, indicó. (D)

* Periodista español del diario AS, de Madrid. Autor del libro Héroes de nuestro tiempo. 25 años de periodismo deportivo.

Fuente: El Universo