Barcelona: Camaradería, afecto y victoria

Relator y comentarista aludían al “carácter místico de Estudiantes de La Plata”, su “rebeldía clásica”, otros hablaban de “leyenda estudiantil” y algunos epítetos más, todos muy bonitos, por cierto. Que además son verídicos. En la cancha, sin embargo, se veía otra cosa: un equipo muy por debajo de la línea de discreto, casi nulo creativamente, que no generó más que una situación de gol en el partido y no dio el menor trabajo. Barcelona lo despachó casi burocráticamente. Lo arrulló como quien hamaca a un bebé que ha estado todo el día llorando y está exhausto. Y le ganó con una comodidad casi extraña para un visitante en Copa Libertadores. Sin sufrimiento, sin hostigamiento. Tan flojo fue lo del equipo platense que bajó el tono de hazaña a la conquista.

Independiente de la chatura de su rival, Barcelona hizo muy bien su trabajo. Con eficiencia y carácter. Fue cauto al comienzo hasta comprobar qué era Estudiantes, fue abandonando paulatinamente la prudencia y lo ganó sin sobresaltos. Dejó una imagen sólida, de equipo ordenado. La victoria reviste triple importancia. En primer lugar, por el fortalecimiento espiritual que significa para todo el grupo ganar en Argentina y a un rival de tradición, copero como Estudiantes, aunque esté en baja forma. Segundo, porque lo consiguió sin tres elementos importantes, acaso fundamentales, como Damián Díaz, Jonathan Alvez y Pedro Velasco. Tercero porque para avanzar a octavos de final siempre se necesita sacar puntos afuera. Y ya están conseguidos. Esas 6 unidades que canta la tabla tienen un aditamento importante: ya se sacó de encima uno de los dos partidos más difíciles, que es ante el campeón Atlético Nacional, el candidato más fuerte para llegar a la corona otra vez.

Matías Oyola fue elegido el jugador del partido y está bien, marcó, recuperó, acertó en los pases, metió con ganas en cada pelota. Nos sorprendió gratamente Tito Valencia, ubicado de lateral, pero con eficaz proyección ofensiva; muy interesante. También Marcos Caicedo, hábil para el uno a uno, físicamente exuberante. Y fue estimulante para Nahuelpan llegar al gol. El goleador necesita como ningún otro de un estado de ánimo. Cuando vuelvan los tres que faltaron, Barcelona tendrá muchas variantes, sobre todo en ataque y en el rubro creatividad a través de Kitu Díaz.

El partido estaba envuelto por un suceso significativo: el retorno al fútbol -y en la Libertadores- de Juan Sebastián Verón. Pensamos que volvió por deseo, no por realidad. No es un buen mensaje para los jóvenes de su equipo intentar volver a los 42 años, menos cuando se es el presidente del club. Nadie le ganó jamás al almanaque. A propósito, es la primera vez en 58 años de Copa que se miden dos equipos cuyos presidentes fueron futbolistas. Y ambos han sido campeones: Juan Sebastián Verón con Estudiantes en 2009 y José Francisco Cevallos con Liga en 2008.

Antes del plácido triunfo, hubo un hecho tan significativo como ponderable: la invitación de la directiva de Barcelona a varios de sus cracks rioplatenses del pasado. Así se allegaron al hotel Intercontinental Mario Saralegui y Tony Gómez, quienes viajaron especialmente desde Montevideo, y los locales Rubén Insua, Rubén Capria, José Chatruc, Ángel Bernuncio, el Gato Sessa y el exentrenador Jorge Habegger. Se reencontraron con Pancho Cevallos, Alfaro Moreno y Jimmy Montanero. El programa era sencillo: invitarlos a un almuerzo, ir luego al estadio y, sobre todo, revivir momentos felices. Una idea simple que tuvo un resultado magnífico. Fue como un viaje al barcelonismo profundo. Como invitado, fue muy bonito para este cronista palpar el respeto y el afecto entre todos. Barcelona y Emelec tienen por lo general un respeto inigualable por aquellos que los fueron forjando, que les dieron cosas. Son muy agradecidos. Siempre los están invitando a un aniversario, a una inauguración, a algún evento. No se da en todas partes.

Tras los abrazos, el almuerzo y las bromas cruzadas, llegó la hora de las palabras. Arrancó Pancho Cevallos con un discurso de gratitud:“Queremos expresarles el cariño y el respeto que les tenemos a todos, decirles que Barcelona es su casa, ustedes han hecho mucho por el club, toda esta historia que tiene Barcelona es en parte al gran esfuerzo que han hecho, se la han jugado por Barcelona. Nos complace tenerlos hoy acá y esperamos tener siempre esta relación y mantenernos cerca, reunirnos, contar historias, anécdotas y expresarles el agradecimiento de toda una institución por tanta gloria que nos dieron”. El aplauso fue cerrado. “Bieeeenn, presi…”

Luego fue el turno de Alejandro Alfaro Moreno. “Queremos recuperar el sentido de pertenencia. Es una alegría tener acá a Rubén Insua, quien me hizo enamorar del club antes de conocerlo, al Profe Habegger, mi primer técnico en el club. Justamente me decía el profesor que muchos de ustedes le enseñaron el amor por esta institución tan gloriosa, de tanta historia. Antes que nosotros estuvo Mario (Saralegui), estuvo Bernuncio… con Tony (Gómez) fuimos compañeros… luego vinieron otros muchachos más jóvenes que pudieron vivir de cerca el cariño de la hinchada. Este es un club maravilloso que, estando bien, da el orgullo haber pertenecido. La idea es que allí donde estemos, ustedes estén pendientes del club, Barcelona es su casa como dijo Pancho y no queremos que sea simplemente una frase, sino tener una relación directa, cuando quieran visitarnos recibirlos como corresponde y decirles gracias por haber construido la historia del club. Que no sea la última vez, que nos clasifiquemos y volvamos a vernos, pero no por una cábala sino como una tradición”.

El querido profesor Habegger, siempre impecable y mesurado, habló en nombre de todos los ex. Señaló que había estado seis veces al frente del equipo, aunque una por un período muy corto (“Una no la cuento porque me escapé a los cinco días, me llegó una oferta irrechazable de Arabia”, se disculpó entre sonrisas). “Aprendí a querer a este club porque incluso me tocó trabajar cuando se estaba construyendo el estadio y vi como Barcelona iba creciendo, no sólo por infraestructura sino por lo que significa en Ecuador y en Sudamérica. Quiero agradecer este gesto, que no es habitual, de invitarnos, a José, a Alejandro, a la institución. Más allá de los momentos deportivos todos los que estamos acá hemos aprendido a querer y a respetar a Barcelona”.

Había muchos años de fútbol, muchos goles y recuerdos reunidos. El denominador común era el cariño a Barcelona. Esa simple reunión de camaradería retempló el barcelonismo de todos y tuvo tan alto valor como los tres puntos conseguidos unas horas después en La Plata, justo el escenario donde 46 años atrás se escribió uno de los capítulos dorados de la saga amarilla.

Fuente: El Universo